
Hace bastante tiempo, discutía yo con mi enana por una tontería. Quería hacer algo con un montón de papeletas para partirse la crisma y yo se lo prohibí. Tras horas de lloros y pataletas opté por la negociación y el chantaje, le dije que no lo hiciera porque yo tenía la obligación de cuidarla y era mi deber evitar que le pasara algo.
En venganza a la charla me empezó a preguntar quién cuidaba a quién y por qué... hasta que llegamos al espinoso tema de quién me cuidaba a mí. Dado que mi ascendencia es más bien escasa, me quedé parada y lacrimógena perdida... no supe que contestar.
La enana me dijo, sin apenas despeinarse, que tampoco era para tanto, que me cuidara yo misma y arreglado. Gracias a esa conversación me he ahorrado unas mil doscientas sesiones de terapia...
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