domingo, 2 de agosto de 2009

El del las verdades como puños...



Hace bastante tiempo, discutía yo con mi enana por una tontería. Quería hacer algo con un montón de papeletas para partirse la crisma y yo se lo prohibí. Tras horas de lloros y pataletas opté por la negociación y el chantaje, le dije que no lo hiciera porque yo tenía la obligación de cuidarla y era mi deber evitar que le pasara algo.

En venganza a la charla me empezó a preguntar quién cuidaba a quién y por qué... hasta que llegamos al espinoso tema de quién me cuidaba a mí. Dado que mi ascendencia es más bien escasa, me quedé parada y lacrimógena perdida... no supe que contestar.

La enana me dijo, sin apenas despeinarse, que tampoco era para tanto, que me cuidara yo misma y arreglado. Gracias a esa conversación me he ahorrado unas mil doscientas sesiones de terapia...

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